
Para todos: los que son y los que conocen.
Siempre he sido una persona prudente, tolerante (hasta cierto punto), respetuosa y por lo general, logro mi objetivo de llevarme bien con las personas que me rodean. Pero hay situaciones en las que la gente simplemente muere por poner en display su premio al oligofrénico del año, y son esas mismas situaciones en las que todas mis cualidades de buen ser humano pierden la fuerza con las que intento aplicarlas.
Es cuestión de rutina, uno lo sabe y ya lo decía mi madre: "en la vida tendrás que trabajar con gente que te guste, y gente que no te guste", y si una madre lo dice, es porque simple y sencillamente es verdad. Pero, sin importar la preparación psicológica a la que hayamos sido sometidos, jamás es placentero, ni se está del todo listo, para cruzar palabras con un individuo que, sencillamente, no conoce el significado de la palabra perder (ni "piérdete").
"Yo también he estado ahí", "El mío es más grande", "Nosotros compramos dos", "Es mi tío/primo/sobrino/papá", "La que está mal eres tú", "Nadie me entiende", "Soy super complicada"... son ejemplos de frases que, en exceso, me resultan ofensivas. Jamás dudaré de la credibilidad de las personas: es fácil imaginar que alguien haya pisado el mismo mosaico frente al retablo de la pequeña iglesia escondida trás un monte que visité en el 2002 en un pueblo abandonado cerca de Antequera, en España. Así como es fácil imaginar que una persona tiene por primo, tío, hermano, mejor amigo y amante a todos los políticos en rotación e incluso aquellos que están por ofrecer su debut público, y aquellos que todavía no han nacido y se postularán para la presidencia de México en el 2074. Igual me resulta comprensible saber que la casa, de la misma persona, es aproximadamente 240 veces más grande que el Capitolio mismo, sin mencionar que entiendo a la perfección que alguien crea que todo lo que emana de mi boca, son mentiras.
De acuerdo, mentí. Y no tengo manera de esconderlo. Todas las actitudes descritas anteriormente son realmente insoportables. En realidad debo agradecer que, a lo largo de mi vida, no me he topado con una cantidad inexorable de individuos que enaltezcan estas características... pero las pocas veces que lo he hecho, el dolor y sufrimiento que resulta de estos encuentros es realmente comparable al de una patada de burro en la mandíbula. Es una necesidad incontrolable de destacar por encima del ciudadano promedio, que es directamente proporcional a la necesidad incontrolable de amordazar a quien no termina de entender que Paul Newman no era su vecino, nunca lo fue, y nunca lo será.
Pero ¿qué hacer en situaciones como esta?, no... no es simple. Primero, debemos estar concientes de que el autocontrol es una parte esencial de nuestra conducta. El éxito de nuestro encuentro, depende en un 90% de nuestra capacidad de controlar nuestros puños, piernas y hasta mandíbula. Otro 5% depende de que no haya objetos punzocortantes cerca del área de conflicto y finalmente el otro 5% restante, depende de que tan rápido corra nuestro compañero. El siguiente paso es intentar entablar una conversación civilizada, dejando de lado insultos, groserías, sarcasmos hirientes, etc.
Si la primera respuesta que obtenemos es un "Ya lo sabía, okay?", la acción inmediata a realizar es respirar profundamente y contar hasta diez (o el número que sea necesario) y proseguir naturalmente como si nada hubiera captado nuestra atención. Si la siguiente respuesta suena más o menos así: "OBVIAMENTE, WEY", no debemos alterarnos... un asesinato no tiene que ser, necesariamente, estresante. Por el contrario, veámoslo como una manera de canalizar la ira y el enojo. Asegurese de que la víctima no sobreviva... de lo contrario: "A mi me dieron dos puñaladas más cuando intentaron matarme"...
Pero ¿qué hacer en situaciones como esta?, no... no es simple. Primero, debemos estar concientes de que el autocontrol es una parte esencial de nuestra conducta. El éxito de nuestro encuentro, depende en un 90% de nuestra capacidad de controlar nuestros puños, piernas y hasta mandíbula. Otro 5% depende de que no haya objetos punzocortantes cerca del área de conflicto y finalmente el otro 5% restante, depende de que tan rápido corra nuestro compañero. El siguiente paso es intentar entablar una conversación civilizada, dejando de lado insultos, groserías, sarcasmos hirientes, etc.
Si la primera respuesta que obtenemos es un "Ya lo sabía, okay?", la acción inmediata a realizar es respirar profundamente y contar hasta diez (o el número que sea necesario) y proseguir naturalmente como si nada hubiera captado nuestra atención. Si la siguiente respuesta suena más o menos así: "OBVIAMENTE, WEY", no debemos alterarnos... un asesinato no tiene que ser, necesariamente, estresante. Por el contrario, veámoslo como una manera de canalizar la ira y el enojo. Asegurese de que la víctima no sobreviva... de lo contrario: "A mi me dieron dos puñaladas más cuando intentaron matarme"...

2 comments:
jajajaja, muuy interesante!!
Interesante, de entrada, es un buen calificativo... a mi gusto, haha gracias ;)
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